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martes, 8 de marzo de 2011

Spinoza, el pragmatismo y el amor a la sabiduria. Parte final




"Toda diversidad aparente se resolverá cuando uno obtenga una perspectiva más amplia, la unidad intelectual es siempre un aumento de la diversidad imaginativa".
 Spinoza



¿Por qué no decir entonces, que los vocabularios descriptivos son herramientas en lugar de intentos de representar?

¿Por qué no renunciar a la cuestión de como son las cosas en sí mismas, y en cambio dedicarse a la cuestión de qué vocabularios descriptivos pueden ayudarnos a conseguir lo que queremos?

El pragmatismo introduce la posibilidad de tener un orden que equivalga al simple hecho de ser descrito con un lenguaje, y de que ningún lenguaje sea mas natural que otro, o que esté mas cercano a lo que son las cosas en sí mismas.
La naturaleza sometida a una descripción siempre mostrará un orden. Pero la naturaleza no descrita por ningún lenguaje humano, no es más que la cosa en sí incognoscible kantiana: una noción completamente inservible, un juego para los filósofos escépticos.




Cuanto mas se piensa sobre el lenguaje, menos necesidad hay de pensar en la naturaleza. Surge así la posibilidad de que uno pueda llegar a ser “bienaventurado” no por moldear su lenguaje para ajustarlo a algo no humano sino por idear un lenguaje nuevo.
 Por tanto, pensar en el lenguaje y no en la naturaleza tiene el efecto de apartar la atención filosófica de las ciencias naturales: ese área de la cultura que dio lugar a los problemas que Hobbes y Spinoza querían resolver.

Después de Kant, llegó a ser posible pensar el lenguaje de la ciencia corpuscular como uno mas de los artefactos humanos, útil para algunos propósitos y no para otros.

Rorty destaca un elemento del pensamiento de Spinoza- la idea de las descripciones igualmente válidas basadas en lenguajes distintos-momento crucial de la historia de la filosofía.
 Toda diversidad aparente se resolverá cuando uno obtenga una perspectiva más amplia, la unidad intelectual es siempre un aumento de la diversidad imaginativa.

Para Spinoza, la mente divina carece de imaginación; Es literalista. Solamente conoce un orden, por mucho que haya infinitos lenguajes en los que ese orden pueda ser descrito de forma adecuada. Dios no habla con metáforas.
La hostilidad de Spinoza hacia la metáfora y el artificio puede verse a lo largo de todo su Tratado. La convicción ilustrada de que todas las religiones se reducen a lo mismo y que las diferencias son resultados de la imaginación queda claramente expuesta.

La característica de la ley natural divina, consiste en que es universal y concierne a todos los seres humanos: nosotros la hemos deducidode la naturaleza humana, tomada en su generalidad.
La memoria, la historia y la diversidad son relegadas por Spinoza al ámbito de las ideas confundidas.
Spinoza estaba convencido de la doctrina que Kierkegaard llamaba “socratismo”: la doctrina de que el momento histórico no importa, de que el maestro es meramente ocasional, de que Moisés y Jesucristo dijeron con parábolas algo que se puede exponer mejor con demostraciones cuasi geométricas.

Para Hegel, nadie se puede tomar en serio la filosofía-por oposición a la poesía y la profecía-sin desear ver como tod converge, se junta y forma una unidad sistemática. Fue este pensador el que sugirió que los filósofos tenían que tomarse en serio las narraciones históricas como modos de integrarlo todo.
Propuso que la distinción entre ideas primitivas e ideas más desarrolladas ocupara el lugar de la distinción de Spinoza entre las ideas confundidas de la imaginación y las ideas claras del intelecto. Esta propuesta fue adoptada por Nietzsche e invertida por Heidegger.

Si Hegel introdujo la narración histórica en la filosofía, Nietzsche y Heidegger introdujeron la metáfora.

La idea de que no se puede pasar por alto la metáfora ni la imaginación concuerda con la afirmación de Habermas y Dewey de que la racionalidad consiste en encontrar acuerdos con seres humanos y no en encontrar ideas que se ajusten a la realidad.
Son herederos de Hobbes y de su idea de que el artificio político reemplaza a la contemplación filosófica como fuente de una forma de felicidad mas elevada y específicamente humana.

Todo esto pone en cuestión el valor del término “verdad” para nombrar un objeto. La razón principal para creer que semejante objeto existe es la idea de que la Verdad es Una, una idea que no va a surgir a menos que uno crea que la verdad es la correspondencia con la realidad y que la realidad es una. Creer esto significa que algunas descripciones pueden ajustarse mejor que otras a la realidad.

Según la perspectiva pragmatista común a Nietzsche y a James, no hay ninguna actividad humana específica que pueda denominarse búsqueda de la verdad, ya que la búsqueda de creencias fiables es la búsqueda de herramientas fiables.

La disputa entre la gente que acepta esta crítica de la teoría de la correspondencia y quienes la rechazan ocupar el lugar hoy de la disputa platónica entre dioses y titanes.

Para los pragmatistas, el adjetivo “verdadero” es una herramienta perfectamente útil, pero el uso del sustantivo “verdad” como nombre de un objeto de deseo es una reliquia de otra época: la época en la que creíamos que existía un orden natural que entender.

Por último, cualquiera que como Rorty comparta el pragmatismo Nietzscheniano, tiene que encontrar otras razones para elogiar a Spinoza que no sean su intoxicación de Dios y su deseo de corregir su intelecto a fin de unirse con la mente divina. La mejor manera de hacerlo es interpretar el amor a la verdad como actitud hacia el resto de seres humanos y no como hacia algo no humano.
Un ejemplo, llamamos a Sócrates “amante de la verdad”, precisamente porque insistía en compara r sus propias hipótesis y definiciones con los demás.

Toda la idea de un cuasi-objeto que funciona como meta de una búsqueda-ya sea la idea platónica de un orden natural o la idea que tiene Pierce y Habermas de un conjunto de creencias universalmente válidas-puede dejarse de lado si interpretamos el amor a la verdad como simple proclividad a la conversación.

Como vía para resolver esta tensión, Rorty propone usar el término “sabiduría”. Podemos usar el término para aludir al equilibrio adecuado entre estas dos virtudes: la virtud de escuchar a los demás con la esperanza de que puedan tener ideas mejores que las propias y la virtud de mantenerse firme hasta que a uno lo convencen sin lugar a dudas de que los propios criterios han sido desbancados.

Reserva el término “sabio” para aquellos que logran combinar una gran originalidad con una “tolerancia”. Una forma de lograr esta combinación es dividir las propias actividades entre lo público y lo privado: las partes de la propia vida donde uno no complace a nadie mas que a sí mismo y las partes en las que un se implica en proyectos cooperativos con otros seres humanos.

2 comentarios:

Beatriz Basenji dijo...

La naturaleza sometida a una descripción siempre mostrará un orden. Pero la naturaleza no descrita por ningún lenguaje humano, no es más que la cosa en sí incognoscible kantiana: una noción completamente inservible, un juego para los filósofos escépticos.
Vikita: La Naturaleza es para contemplarla.¿De qué nos sirven las palabras con intención descriptiva?No puedo creer que Kant dijera eso.Es para troncharse de risa!

Vikita dijo...

Lo primero,debo situarte en el contexto en el que se dicen estas palabras. La fuente en la que me baso es el libro de Rorty, "Filosofía y futuro" Ed: Gedisa.Cap V.(Un fallo mio no poner la fuente)
Rorty defiende una filosofía transformativa (de corte pragmatista). ESto significa en resumidas cuentas, un rechazo por la noción de verdad objetiva. La verdad, para el pragmatismo, es circunstancial, aunque no completamente relativa sino resultado de un acuerdo o convención. Esta filosofía critica también la idea de una racionalidad ahistórica, capaz de definir de antemano el carácter de lo que es moral y de lo que no lo es, y finalmente rechaza la pretendida "objetividad" de los hechos y de las explicaciones que de ellos nos forjamos.
De ahí que el lenguaje, en esencia descriptivo sea una herramienta para en un momento dado ponernos de acuerdo en una realidad dada, pero ni mucho menos describe la esencia de la cosa en si (si lo que vemos es realmente asi o no).
Para Kant, la cosa en sí, al no poder acceder a ella,solo sirve para especular, siempre veremos las cosas a través de la "cosa en mi", de mi lenguaje descriptivo, de nuestro lenguaje. Contemplar es una forma de lenguaje entre lo que vemos y nosotros mismos. NO solo podemos describir las cosas de una sola forma sino de todas aquellas en la que se pongan de acuerdo en su validez los interlocutores.
El resumen de todo es:
Contemplar la naturaleza y disfrutar de esta contemplación, entra dentro del lenguaje válido (para ti y para mi) para describir en ciertas circunstancias la realidad y no creo que Kant estuviera encontra de esto. Otra cosa es que tu me dijeras que es la única forma de ver o entender la naturaleza, DIos o el mundo. O yendo mas allá, que lo que tu ves es como verdaderamente son la cosas.
UN saludo