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lunes, 24 de octubre de 2011

Pannenberg: Fe y Razón. Parte final

"La revelación no tiene lugar al comienzo, sino al final de la historia".
W. Pannenberg


-De la evidencia al carácter problemático-

La insistencia en el futuro ha pasado a ser la nota dominante de su teología. Esto ha dado lugar a que algunos de sus críticos se planteen que hubo dos épocas en Pannenberg, la insistencia en la evidencia de la revelación de Dios en la historia, y una segunda, en la que se pasa a acentuar el carácter problemático, abierto e hipotético de esa realidad a la que llama Dios.

La teología problemática aparece a partir de 1965. P. distingue entre el convencimiento personal del teólogo, que debe ser total, y las formulaciones en las que expresa ese convencimiento.

 

Ahora, para ser admitido en el concierto de las demás ciencias, es necesario someterse a su mismo estatus epistemológico. Las afirmaciones cristianas sobre Dios deben ser expuestas como hipótesis precisamente porque, de suyo, son asertóricas y no problemáticas. Debe configurar sus axiomas de tal forma que sea posible dialogar y discutir sobre ellos.

Retomando la tesis de la discordia, el cristianismo no vive teofanías directas. Dios solo se manifiesta indirectamente, a través de sus obras, en la historia. La segunda tesis, situaba la revelación al final de los tiempos.

Obviamente P. sabía que la existencia de Dios no era evidente. Su intención fue destacar que el Espíritu no era una instancia complementaria y separada de la revelación escatológica de Dios en Jesucristo. Ya la misma revelación, que culmina en la resurrección de Jesus, es obra del Espíritu.

Reconoce que concedió menos espacio del que hubiera sido necesario a la posibilidad de la duda.
Hace una segunda matización a la función de la palabra de Dios en la revelación. La teología dialéctica acusó a P. de minusvalorar la Palabra al centrar la revelación en los acontecimientos históricos.

El P. mas actual piensa que no hay contradicción entre la revelación por la historia y la revelación por la palabra. Las diversas tradiciones bíblicas sobre la Palabra de Dios, son una parte integrante de la autorrevelación de Dios a través de su actuación histórica. La expresión “palabra de Dios” puede ser considerada como característica recapituladora de la revelación.

Solo Dios es el horizonte último y constitutivo de todos los temas teológicos. La responabilidad de hablar de Dios recae sobre la dogmática.
P. insiste, igual que Barth, en que el dogma es un concepto escatológico. Ese contenido permanecerá problemático hasta el final de la historia . De ahí la necesidad de recurrir a la argumentación. Solo Dios, al final, decidirá sobre la verdad de nuestras formulaciones dogmáticas.

-A la espera del final-

Al comienzo de su historia, el cristianismo optó pr el Logos, opción sostenida a lo largo de los siglos. La teología protestante, mas que la católica, ha protagonizado renuncias espectaculares a lo racional. 
P. avisa contra este proceder: cuando se acude a la razón, el discurso sobre Dios queda en problema, hipótesis, futuro. La última palabra sobre Dios, se podrá pronunciar al final de la historia.

¿Se puede anticipar el final de la historia?
La estructura anticipativa es fundamental en todo proceso cognoscitivo. El conocimiento avanza anticipando resultados.
La historia ha quedado provisionalmnte anticipada en la figura de Jesus, en la resurreción. Es provisional, porque falta que se una definitivamente a la humanidad; Jesus entonces sigue teniendo futuro. Jesus no tiene solo un significado ejemplar, no solo resucitaremos como él, sino en él.

Sin la Resurreción, el sistema de Pannenberg saltaría por los aires. Sin duda este es uno de los puntos mas conflictivos de su teoría. A lo que no está dispuesto P. a renunciar, es a la pretensión de historicidad del acontecimiento pascual (presupone la posibilidad de la resurreción de los muertos).
Ambas deben ser calificadas de históricas, solo que la segunda, al presuponer un horizonte experiencial diferente (y ausente aun) encierra un mayor grado de problematicidad.
P. acepta con Moltmann, que “histórico” no equivale a “históricamente demostrable”, sino que solo significa “realmente acontecido”.

Existen algunos argumentos previos a los expuestos, que pasamos a enumerar: el argumento antropológico (el ser humano espera mas allá de la muerte); el argumento de la tradición (“Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado” 1 Co 15,16).
Finalmente debemos aludir al argumento del lenguaje: P. distingue entre la realidad de la resurrección y la forma en que se habla de ella. De la “realidad” no tenemos experiencia, de ahi que recurramos al lenguaje metafórico.

Fuente: "Dios, el mal y otros ensayos". M.Fraijó. Ed Trotta

1 comentario:

alesilla dijo...

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